La carga social de las festividades

Cualquier festividad mueve algo dentro de nosotros, en menor o mayor medida; nos provoca júbilo o la detestamos. Incluso, si intentamos mantenernos neutrales, estamos más inclinados a denostar y cuestionar a sus participantes. ¿Qué hay detrás de esta animadversión? ¿Un recuerdo doloroso? ¿Rebeldía, fobia a la masa? ¿Falta de experiencia? ¿O una actitud revolucionaria que va en contra de las tradiciones?

Si se es muy joven, es probable que el rechazo tenga su base en una crítica social, dirigida a ciertos clichés publicitarios y a una actitud propia de la adolescencia, en la que “adultos aburridos y sometidos al sistema, festejan sin cuestionar o reflexionar aquello que supuestamente hay que celebrar”. Por el contrario, si se es adulto, el idealismo queda subordinado al digamos, “realismo”, en el sentido de que se ponen en consideración las implicaciones de ciertas fechas, en la vida de los otros; de cómo es para los otros experimentarlas. Las fechas importantes se encadenan a recuerdos y tienen implicaciones directas en la vida de los sujetos

La carga social de ciertas fechas, no nos deja indiferentes. El clima social, los medios de comunicación; las otras personas reaccionando y los adornos en las calles, influyen en nuestras conductas y  estados de ánimo. Nos provocan una reflexión (sobre la sociedad o nosotros mismos) o endurecimiento de posturas (de aprobación o desaprobación).

El trenecito chu-chu te escogió.

En lo que respecta al día de San Valentín, podemos escuchar a personas cuestionar la celebración, argumentando, por ejemplo,  el trasfondo comercial de la fecha, lo “vacío” de un regalo, o que todo el año es propicio para demostrar afecto a los otros. No obstante, los más jóvenes, dan y esperan gestos de amistad, pero sobre todo, de  amor por parte de sus pares. Así, es que dentro de ámbitos escolares se fomenta el intercambio de cartas u obsequios.

Se ponen de relieve cuestiones trascendentales en la vida de algunos jóvenes. Es el momento en que se cuestiona: Si alguien lo ama, si tiene amigos; se declara el gusto por alguien y espera ser correspondido. Cuestiones que suenan irrelevantes, pero vitales en esa etapa de la vida.

Imagen: Ya saben de dónde.

Entre los adultos, las parejas o amigos que no desean participar en los rituales propios de la fecha, en ocasiones, lo tienen que hacer de manera expresa: le dicen al otro que no desean regalo y consultan si el otro desea celebrar la fecha. Por otro lado, hay quienes han llegado a un punto en el que ni siquiera consultan al otro, está entendido que no es necesario hacer nada.

Que no le digan el hijo ingrato

Con el día de la madre, es similar pero más complicado. Aunque escuchemos que “a la madre se le festeja todo el año”, en ese día en específico, hay un impulso (y exigencia de los medios) de regalarle  algo, y porque creemos que ella espera algo. Incluso, aunque expresen no querer un regalo, lo dicen esperando sí recibirlo. Los hijos creemos que ellas sí desean un obsequio y ellas creen que los hijos, desean darles un obsequio. Para quienes su madre ha fallecido, la fecha es un recordatorio social, que hace que la ausencia se sienta diferente con respecto a todo el año.

Viva México cabrones

Algo particular ocurre en el festejo de la Independencia, nuestro sentido patriótico se exalta o no. Si no se exalta, se tiene preparada una crítica para los que sí. Esto genera una discusión  acerca de las condiciones del país, de su economía, de la inseguridad, de la violencia, de la clase política, de la pobreza, del gobierno opresor y corrupto, de la falta de soberanía; pero también del pueblo y de su honestidad o de su corrupción. Estos temas, son utilizados por algunas personas, para denostar a los que sí desean festejar y equiparan al patriotismo con idiotez. Los que sí celebran, se identifican  con los otros, con la comunidad, incluso identifican que hay  una transmisión de ciertos valores a los más jóvenes.

La manera en cómo se interpreta y analiza nuestro mundo es decisivo para nuestra vida personal, en nuestras acciones (que son un signo de nuestro pensamiento) y comentarios (que  vamos dentro de ellos) y los argumentos de la persona que critica (generalmente con insultos) es para marcar diferencia entre ella y el grupo social; rechaza la colectividad en todos los ámbitos. La manera en cómo ésta se relaciona con los grupos sale a la luz, al menos de manera disimulada. Hay quien desea estar libre de la influencia  de los otros y quienes ven en el grupo social un apoyo.

¿Nos reunimos porque es navidad o es navidad porque nos reunimos?

Con respecto a la navidad, ésta genera ciertas expectativas en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Además de ser un fenómeno de ventas, son los regalos, las fiestas, la “esperanza” y comunión con el mundo, y en algunos exalta el aspecto religioso. Todo esto promete felicidad.

Los sentimientos y reflexiones acerca de la navidad son polares: O “es una estrategia de mercado para reactivar las ventas” o “es una época de hacer las paces con nosotros mismos y perdonar a los otros”. Las posturas más radicales ubican un problema afuera, otros ven en el interior de sujeto la solución; pero no hay conciliación, pues parece que la pobreza en el mundo y la hipocresía, se deben de solucionar en diciembre y cómo no es así, se descalifica la navidad.

Las calles se llenan de adornos, luces de colores, gente, música festiva; Todo eso puede contrastar con la realidad psíquica de las personas, con su  situación económica o familiar y tiene diversos resultados: Primero, los más vulnerables o proclives a estar tristes, se deprimen o se suicidan, renovando el sentido trágico  de estos fenómenos por tratarse de fechas decembrinas. Es decir, una persona que hubiera podido quitarse la vida en cualquier otra fecha, al hacerlo en diciembre, se le otorga un significado diferente a su suicidio. Se culpa a la fecha, más que a sus condiciones de vida (económicas, familiares y psicológicas). Segundo, las personas con mayor poder adquisitivo responden mejor al fenómeno de las ventas, sin dejar de lado el tema de la depresión, (que parece ser complementario del consumo, en especial en fechas navideñas). Tercero, renueva y fortalece las creencias religiosas.

No obstante, los detractores de la fecha, son parte del mismo fenómeno navideño, no están afuera, no son más inteligentes por señalar ciertas cosas o desacreditar a los demás. El mismo fenómeno se constituye de ambos polos, la misma fecha engendra argumentos en contra; criticarla no la debilita o cambia a los demás (con la excepción del tipo de acercamiento que se les brinde  a los menores, pues estos son receptores y replicantes de la  cultura). Lo único que puede debilitar a la navidad, es nacer y no conocerla y por ende, crecer y no practicarla.

Imagen: The nightmare before christmas

Con todo esto, es necesario reflexionar sobre ciertas tradiciones: ¿Las familias se reúnen sólo porque es navidad? Esto ha sido, en cierta medida, la única manera de que ciertas familias convivan, sobre todo en las que sus integrantes viven lejos. Pero ¿Hay un verdadero deseo de ver a los otros miembros? Existe un cliché en el que las familias discuten o se agreden físicamente en las reuniones navideñas. Esto captura bien la consecuencia de una reunión vacía y sin significado, pues es una reunión obligatoria por la fecha. Las interacciones difieren si se está en contacto durante todo el año con los otros miembros, a que si se reúnen una sola vez.

Cuando la transmisión de la cultura y continuidad de las tradiciones, llega a nuestras manos.

En la mayoría de los casos, con el paso del tiempo, se sucumbe a las celebraciones. Se adoptan o se ignoran. Los que sucumben, tienen las mismas razones  para disfrutar (o sufrir) que sus antecesores, los detractores cuentan con viejos y nuevos argumentos. Siempre hay razones muy personales, para festejar o denostar  cualquier festividad, pero no cabe duda que como acontecimientos sociales, son formativas (se festejen o no) en menor o mayor medida. Son el vehículo de tradiciones y nos cuentan cosas del pasado, que en alguna ocasión estaremos dispuestos a escuchar, o no.

Las corporaciones y medios de comunicación, son los que envían los recordatorios de festividades a la sociedad, no porque no se recuerden, sino porque estos, con fuerza e ímpetu rejuvenecido, las presentan de manera atractiva, para que se siga deseando participar en ellas, en la forma como las presentaron. La comunicación y transmisión de información entre pares (como refiere Sloterdijk*) era el medio primario de transmisión de información, cosa que ahora los medios masivos de comunicación roban a las personas, convirtiéndolos en “sombríos consumidores parasitarios de bienes e informaciones”. 

Pero se trata también, de tradiciones y rituales personales, de nuestra manera particular de vivirlas, recordarlas y transmitirlas. Considero que es una cuestión importante, al convertirnos en agentes activos de la cultura, reapropiarnos de las fechas, sacudirlas de las luces y el estruendo, para quitarles lo dañino para las personas, para las relaciones sociales, así como para la vida psíquica.

Brindar fundamentos significativos a los jóvenes, no creer que son valiosas sólo porque son reconocidas en otras partes del mundo; demostrar las implicaciones directas en la vida de las personas, hacer una diferenciación entre cómo los medios de comunicación retratan una festividad, y cómo sucede en la vida real (algo que parece obvio, pero que a veces confunde)…más que consejería, son cosas que se me ocurre pueden ayudarnos.

 (*) SLOTERDIJK, P. (2009) MODELOS DE COMUNICACIÓN OCULTO–ARCAICOS Y MODERNO–ILUSTRADOS; PARA UNA ÉPOCA DE ÁNGELES VACÍOS

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18118916015

Acerca de Ernesto Del Toro

Ensayista autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad) (2017) El Eco de la cultura de masas. (2019) Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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