El eco de un resumen para las masas

Portada: Jose Ma Dimo

En el relato de “El hombre de la multitud”, Edgar Allan Poe describe una escena en la que intervienen,  un observador, un hombre observado y una masa de personas; el observador persigue al observado en su búsqueda de multitudes, en las cuales ingresar a empujones. Cuando una multitud se dispersa, busca otra para nuevamente ingresar en ella. Con esto en mente, pude percatarme de cierta similitud con lo que hacemos en nuestra vida cotidiana, es decir, observar y diferenciarnos de las multitudes; también de cómo en ciertas ocasiones fijamos nuestra atención en alguien: En otra persona conectada y relacionándose con la multitud, si la dejamos de observar, no hay persona, solo hay solo multitud.

Esta idea de posicionarme como observador, derivo en una comparación con el otro. ¿Quién es y  qué le gusta? Y ¿Por qué le gusta lo que le gusta? ¿Sus gustos son malos o lo son los míos? Así, rodeados de anuncios publicitarios de películas, teatro y presentaciones de cantantes, es que me doy a la tarea de revisar el libro “Apocalípticos e Integrados”, de Umberto Eco (1). Trabajo en el que hace una distinción entre dos posturas antagónicas con respecto al arte.

Por un lado, un Apocalíptico que no está de acuerdo en que algunas expresiones artísticas u obras de arte, estén al alcance de todo público pues no todos pueden entenderlas; y por el otro, un Integrado, que ve como algo positivo que el arte esté al alcance de todos, pues esto representa un primer acercamiento al arte por parte de las personas. Eco, también expone la manera en que la industria del entretenimiento presenta las diversas expresiones artísticas para públicos amplios: Diluyendo, empobreciendo y sustituyendo la reflexión del sujeto, por mensajes ideológicos. Puede identificar a estas dos categorías de Eco en la actualidad, por supuesto con algunos cambios para nuestra época y contexto; la evolución de los medios de comunicación, el avance de la tecnología, así como del arte y la definición de masa.

El libro inicia con ejemplos  sobre cómo los productos artísticos pierden el carácter reflexivo para convertirse en productos a consumir: Canciones que tratan sobre violencia, pero que es mejor sólo bailarlas; obras de teatro, pero de programas de televisión; películas sobre desastres naturales, pero con efectos especiales espectaculares, que distraen de los verdaderos efectos del deterioro ambiental por la ficción de un fin del mundo. También, trata de la banalización del arte, para que consumir sea algo cool; Portar una playera o unos zapatos con una pintura de algún artista famoso impresa, presumir la asistencia a alguna representación teatral a modo de verse interesante o “intelectual”; se trata más de haber consumido que de haber aprendido algo.  

Es importante aclarar, que la preparación cultural de las personas es  definitoria al momento de estar frente a estos productos culturales. El conocimiento informal y/o la preparación académica, son elementos que ayudarán a generar una verdadera reflexión. Pero incluso, este conocimiento y preparación, son utilizados en contra de las personas que no demuestran interés en consumir productos artísticos. Ahora, los nuevos “apocalípticos” ven a la inteligencia como una condicionante para el acceso a cierto tipo de contenidos culturales; por su parte, los nuevos “integrados”, ven como algo positivo que todo esté disponible para todo público, pues esto supone un primer contacto de las personas con la cultura.

A manera de paréntesis, y ayudado de los conceptos de Naomi Klein (2), hago mención de cómo las marcas se han apropiado del espacio público, así como de ciertos aspectos de la vida. Las Plazas y centros comerciales, como lugares controlados por empresas en donde somos vigilados y acercados a experiencias de consumo. Las marcas como propietarios de justas deportivas, eventos musicales; y que el público buscamos, para “vivir la experiencia”. También, hago un breve análisis del concepto “la persona marca” y su reconocimiento en la figura del “Influencer”.

Pero volviendo la cultura de masas: Las artes plásticas, el teatro y la literatura, son acercadas a públicos amplios de manera amañada y hasta artificial, bajo la definición de “arte contemporáneo”. Categoría bajo la cual, se pretende incluir a ciertas producciones sin contenido y/o valor artístico, pero con una retórica que quiere convencernos de que estamos frente a una pieza de gran valor, producto de la mente de un genio. ¿O, acaso alguien recuerda al libro de poesía con emojis, llamado “Poemojis” y de las imposturas intelectuales que se adoptaron, tanto para defenderlo como para denostarlo?

En el capítulo, cine para las masas, describo la situación moderna de la industria del cine, como una maquinaria que todo el tiempo produce los mismos productos con los mismos esquemas narrativos, y como si de la industria de la moda se tratara,  las películas del verano o las del invierno. También de la expectativa que se genera antes del estreno de alguna películas, a las que bautizan como “la más reciente obra maestra de…” o, “la próxima película de culto…”. Pero también, hay sectores del público que aportan de manera indirecta a la industria cinematográfica: Los críticos de cine, ya sea en medios de comunicación tradicionales o en internet, hablando bien o mal de películas, actores y directores; fans explicando escenas finales de películas, pero de las inteligentes.

No podía dejar de lado, al cine comercial mexicano y de la experiencia estética que es verlo, más que una experiencia con elementos y valores artísticos; la caricaturización de las clases sociales y el debilitamiento de la identidad nacional que reside en sus entrañas.

También, hay una breve revisión de la importancia que tiene (o tuvo), la televisión; del inicio de las transmisiones y de su carácter de bien público, así como  las regulaciones y políticas que pretenden incluir a toda la población dentro del espectro demográfico y qué estrategias se utilizan. Las transmisiones televisivas son un tema que nos ayuda a entender al público y su concepción del arte, pues la televisión influye en el público en cuanto a la  concepción de lo que es un artista; y como algunos de estos, acuden a la televisión para buscar cierta legitimación que, aparentemente no encuentran en otro lado.

Katherine Sender y su trabajo The makeover (4), nos da un panorama más amplio en la concepción de los reality shows y las implicaciones en la vida cotidiana de los espectadores, de los efectos positivos y de las reflexiones que nos dan cuenta de que sí están enterados o al menos intuyen, la simulación de este tipo de programas, pero es el “realismo emocional” de los participantes, lo que atrae. La televisión creò su propia manera de contar historias, diferente a la del cine; fue capaz de hacer llegar a todas las partes del mundo la cultura popular y sus datos para memorizar, no importa si no los comprendemos; también de capturar la memoria colectiva en episodios clásicos de programas. Llegó a ostentar incluso poder político.

En lo que respecta al mundo de la música, retomo el concepto de Eco, “canción de consumo” y de como esta, es la que nos ayuda a poner en pausa las cuestiones agobiantes de la vida cotidiana; funciona como salvavidas. Ayuda a dar ritmo al pensamiento mientras se hacen trabajos repetitivos y mecánicos en nuestro trabajo, así mismo, ayuda en nuestros traslados en el transporte público y en el tráfico de la ciudad. También, hago una revisión del video musical antes de  MTV y la manera en como los video clips, eran presentados al público; así como una breve mención del KPOP y su popularidad entre los jóvenes.

La industria musical tiene una base sólida en la producción de los llamados covers, y los reencuentros de bandas populares que tenían años sin presentarse en público. Es presentar como novedad algo que ya goza de la aceptación popular, es la melancolía como el elemento a capturar, para recordar y revivir la emoción; para disfrutar algo que ya se había disfrutado, pero en una nueva versión.

No podía quedar fuera el internet y la manera de cómo cada expresión artística, es presentada en la red; así como las nuevas posibilidades tanto de creación como de expresión, incluso si no se tiene nada que expresar. Desde canciones hechas con fragmentos de entrevistas a personas, hasta ilustraciones que retratan nuestra condición actual: adormecidos por nuestros celulares, las nuevas maneras de demostrar amor, etc. Algunos de estos artistas con imágenes potentes, otros con imágenes tan específicas que pronto caerán en el olvido. Pretenden hacernos reflexionar, pero lo más que nos provoca es pensar que tienen razón, y continuar con estas actitudes nocivas. No hay reflexión.

La manera de distribuir contenidos por internet, provocó una crisis para algunas industrias, entre las más afectadas, la industria musical y la industria del cine. Algunos tendrán edad para recordar Napster o la ley S.O.P.A. y las maniobras de las empresas, para recuperar el control sobre los contenidos y sobre todo continuar ganando dinero.

Las reflexiones finales del libro son, que estos contenidos culturales, se convierten de alguna manera, en mediadores de nuestras relaciones sociales; es a través de ellos que nos agrupamos con otros, ahí encontramos amigos y hasta relaciones románticas. También, que hay quienes tienen las condiciones y el interés de pensar en el arte, en su goce y apreciación, pero por otro lado, hay quienes no tienen interés alguno, en si lo que están disfrutando contiene elementos artísticos. Pero sí es importante fomentar el interés por la cultura, que las “pausas” que el pensamiento tiene para relajarse, no se conviertan en una pausa interminable.

  1. Eco, U. (1968) Apocalípticos e integrados.
  2. Klein, N. (1999) No logo.
  3. Lesper, A. (2015) El fraude del arte contemporáneo.
  4. Sender, K. (2012) The makeover.

Acerca de Ernesto Del Toro

Autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad) (2017) El Eco de la cultura de masas. (2019) Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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