¿Cómo nos sentimos, ante el actual conflicto de clases?

La cultura es “la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de nuestros antecesores animales y que sirve con dos fines: proteger al hombre de la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí” (Freud)1. Podemos entonces, identificar que tanto las instituciones como las otras producciones sociales (lenguaje, vestido, arte, etc.) dan tanto continuidad, como evolución a la cultura; de igual manera, sabemos que hay quien se encarga de producirla y según sus intereses o su agenda, lo que deviene es la llamada “Industria cultural”. Esta última,  “construye modos de ser y patrones de subjetividad” (Caniato)2  y, según Adorno3 es el principal transmisor de ideología, a través de la construcción de saberes y objetos de deseo; que son tomados a su vez, por los individuos, como fruto de sus propias elecciones.

Sin embargo, la ideología nos presenta objetos parciales que creemos son totales, o verdades. Así, aunque luchemos por cambiar ciertas verdades, nuestras acciones serán equivocadas o insuficientes pues se trata de actos mal dirigidos o insuficientes, precisamente por la falta de información acertada, por parte de los impulsores de la ideología. Por ejemplo, el Poder y su manera de relacionarse con el ambiente, crearon una idea acerca del uso de bolsas de plástico y popotes y de cómo al dejar de usarlos estaríamos salvando a animales marinos de morir asfixiados. Pero, que afortunadamente, se descubrió como insuficiente o parcial, ante la totalidad del problema, que involucra las prácticas de las grandes empresas y políticas que permiten que estas contaminen y afecten al ambiente de diversas maneras.

Otra práctica que durante años se le exigía  a la población, hasta el punto de aplicar multas, era la de reciclar. Soluciones pequeñas y que cualquier persona puede hacer, que sin embargo, cayó en el olvido por la ineficiencia de las autoridades en su aplicación. Es decir, son buenas ideas y acciones que ayudan, pero que no solucionan nada. Son soluciones parciales para un problema total.

Este y otros ejemplos,  como: “los buenos somos más”, haciendo referencia a que la violencia se puede terminar si de laguna manera, nos damos cuenta o nos hacemos conscientes de que somos buenos, las cosas mejorarán. O también las campañas para donar dinero y así, ayudar a que estudiantes obtengan becas, o que otros puedan recibir trasplantes u operaciones costosas, o para construir hospitales o escuelas. Esto es importante y benéfico, pero ¿no es precisamente, el Estado quien debe de garantizar lo anterior?

Oscar Wilde4 dice magníficamente:

“Es inevitable que se conmuevan, al verse rodeados de tan tremenda pobreza, tremenda fealdad, tremenda hambre. En el hombre, las emociones se suscitan más rápidamente que la inteligencia; y como señalara hace algún tiempo en un artículo sobre la función de la crítica, es mucho más fácil solidarizarse con el sufrimiento que con el pensamiento.”

“Pero ésta no es una solución; es agravar la dificultad. El objetivo adecuado es tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible. Y las virtudes altruistas realmente han evitado llevar a cabo este objetivo…”

El término ideología, hoy se entiende como una doctrina social que “no comprende meramente el pensamiento individual, sino toda la esfera de la cultura (política, derecho, estado, arte y religión)” (Horkheimer)5. Cada aspecto, determinado por el estrato social e incluso a veces trascendiéndolo. Estas tendencias inconscientes proveen al individuo de representaciones sociales, tanto propias como de los otros y sobre todo, maneras de relacionarse y entonces, nos agrupamos con quien piensa similar a nosotros y rechazamos al diferente y de alguna manera creemos que está bien y lo racionalizamos; es decir, “es la fundamentación socialmente aceptable de nuestros móviles fundamentales irracionales”.

Transformaciones y refundaciones.

Hay momentos en la vida de una nación, en que las diferencias políticas que  dividen a la población, se pone de manifiesto y se verbalizan, siendo esto la mezcla perfecta para el conflicto. Los que ostentan el poder son criticados y sus errores, tomados por la oposición, como signo inequívoco de su ineptitud. Da la impresión de que disfrutan de que las cosas vayan mal, porque confirman que ellos tenían la razón. Algo irracional. Por otro lado, los que están a cargo, exaltan los aciertos y  de alguna manera minimizan los errores, sino es que los justifican y les dan un matiz positivo; pero que termina siendo irracional.

Entonces, el conflicto entre estas dos posturas, se instaura en el plano de los argumentos e  intentan destruir, ridiculizar o demeritar los discursos del otro. Se toman las palabras, a veces de manera literal, les restan importancia y cuestionan su inteligencia; pues aparentemente hay un grupo dolido que está viendo afectados sus intereses y sus vidas cotidianas y al mismo tiempo, se está beneficiando a la clase obrera, necesitada y desprotegida, con las nuevas políticas y acciones del nuevo gobierno.

Pero, ¿en realidad hay un cambio? Soy de la opinión que nada bueno viene de los gobernantes, pero que de muchas formas los necesitamos para que en ocasiones nos hagan caso. Nos hablan de un cambio, pero no tardamos en darnos cuenta de que es una ilusión (aunque algunos sí ven un cambio); lo que estamos viendo y experimentando, es la continuidad de un sistema político  que en su afán de cambiarlo todo, todo sigue igual.

Los defensores del régimen, hablan de aciertos y de glorias, pero en la realidad, son las prácticas de las mismas formas de gobernar, pero ejecutadas de maneras diferentes y a veces torpe y que provoca dolor y angustia a las personas, y que por extraño que parezca, hay quien se identifica y apoya a este nuevo gobierno. Cancelar la construcción de un aeropuerto, eliminar becas para artistas, son de alguna manera celebrados con argumentos parciales.

También, está quedando exhibida la capacidad de política internacional, su manejo de las finanzas, etc. Lo que queda claro, es que la capacidad de hacer este tipo de política, es la reducida capacidad de nuestros representantes. A veces porque no pueden, a veces porque no quieren, a veces porque no saben. Como todo gobierno, han dejado inconforme a un sector de la población. Cuándo será que veamos la primera manifestación multitudinaria para exigirle un cambio para bien; no el que el poder ofrece, sino el que necesita el pueblo.

Y es que, ciertamente, hay un cambio en las formas, tanto en política nacional como internacional, que generan confusión al individuo. Los dirigentes de los países, dicen y hacen cosas diferentes, pero con los mismos resultados, incluso hay actores políticos que, aunque ya no desempeñan ningún cargo, continúan influyendo y teniendo injerencia en la opinión y sentir de las personas, que polariza más al país. Nadie quiere ceder ni cambiar posturas y de alguna manera defienden la contradicción de sus dirigentes, colocándola dentro de su lógica.

Por ejemplo, cuando Donald Trump, hablaba de cerrar plantas de producción fuera de los Estados Unidos y regresar el trabajo a sus compatriotas; iba en contra de las prácticas capitalistas, aun siendo él, el epítome del capitalismo. De igual manera, muchas de las declaraciones y acciones del gobierno de López Obrador, distan mucho del personaje opositor que él había creado.

Derechas cuasi izquierdistas vs. Izquierdas cuasi derechistas.

Si intentamos analizar los argumentos que esgrimen tanto defensores como detractores del Gobierno de una manera literal y excesivamente lógica (porque, aparentemente así es el modo en que analizamos en la actualidad, sobre todo lo que pasa en las redes sociales, que es donde habita esta discusión), podemos caer en cuenta de que primero, no hay dialogo, al menos como lo pretenden hacer pasar los actores y segundo, que nadie quiere entender al otro, ya que aparentemente no se entiende el significado de lo que se dice; hay una resistencia a entender.

Están empeñados en denostar al otro que, los errores gramaticales, faltas ortográficas y la limitada capacidad de entender metáforas e incluso el sarcasmo; que no hay significado en las palabras del otro. Es decir, que “su realidad no está exactamente dentro de lo que se dice, que no es el contenido del discurso sino su forma (…) el significado es “una forma”, por lo tanto, el significado no es lógico sino estético”  (Christlieb)6 . Y así, se da una “estética social” que obedece a formas. A decir de Pablo Fernández Christlieb:

“La forma, puede definirse como una unidad completa y carente de componentes o elementos, cuya naturaleza, esencia o realidad, no radica en ninguno de sus trasgos, sino en el conjunto indisoluble de todas ellas…”

Entonces, los participantes de esta discusión le dan una forma que a los espectadores, nos hace sentir algo. Están inmersos en una dinámica que, si revisamos cada elemento (o actor) es ilógico, y visto desde afuera, nos hace sentir confusos, pues sabemos que sus discursos son absurdos. Por otro lado, es común leer que, “twitter es un lavadero”, “en Facebook hay puros memes”, “whatsapp son puros chismes y cadenas”. Incluso podemos mezclar los adjetivos y las redes, para describirlos. Más allá de que las redes pueden servir para otros fines sociales, como reportes de robos o de personas extraviadas; hay un sentimiento hacia las redes. Es una cuestión, primero sensible, después, al último, a veces, racional.

Retomando el tema de la política, hay una renovada forma del conflicto de clases, ahora nombradas como “chairos” y “fifís”. (Que a mí no me gusta para nada). Si el entendimiento clásico de la lucha de clases, era referente a la apropiación de los medios de producción, ahora es un conflicto en el que se trata solo de señalar los “privilegios”, pero que en el fondo, la manera de relacionan es entre clases, es la misma; la realidad se mantiene, pero la discusión hace enojar. Es su forma la que nos hace sentir enojo sea del lado en que se esté.

Insisto en el tema de la política, porque es lo que nuevamente, es lo que divide las redes sociales. Ataques desprovistos de reflexión, con poco conocimiento; que solo son posturas personales que atacan la vida personal y privada de los otros. Así los espectadores, más que pensar, sentimos, y trasladamos este sentimiento a nuestra vida cotidiana, a nuestra realidad dando la sensación de incertidumbre. La realidad por sí misma, con violencia, inseguridad, falta de medicinas y recortes presupuestales a instituciones, ya es preocupante.

Según datos del año pasado7, hay 126 millones de mexicanos, de los cuales solo 79 millones tienen acceso a internet; de estos, solo 23 millones tienen cuenta de twitter. Me remito a esta red social, por ser la más activa en lo que a actores políticos se refiere. A donde quiero llegar, es que, en ocasiones no sirve mucho analizar esos discursos en redes, de manera literal, sino el contenido afectivo de este; porque es confuso y es construido por una pequeña porción de la población.

La oposición cambión de lugares con el poder, los militantes y simpatizantes, están encontrando su discurso y argumentos que defiendan su nueva postura, el nuevo lugar en el que se encuentran. Hay quienes se muestran tranquilos opinando, hay otros que quieren alarmar y desestabilizar. Concluyo con una frase de Juan Villoro: “desconfío de las personas que en momentos de peligro, tienen más opiniones que miedo”.

1) Freud, S. (1981) El malestar en la cultura. Obras completas.

2) Caniato, A.  (1997) Reflexiones sobre las implicaciones ideológicas en la psicología clínica.

3) Adorno. T (1986) La educación después de Auschwitz.

4) Wilde, O. (1891) El alma del hombre bajo el socialismo.

5) Horkheimer, M. (1962) La función de las ideologías.

6) Fernández, P. (2003). La psicología política como estética social.

7) Visto en: https://www.eleconomista.com.mx/tecnologia/7-graficos-sobre-los-usuarios-de-internet-en-Mexico-en-2018-20180517-0077.html

Acerca de Ernesto Del Toro

Autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad) (2017) El Eco de la cultura de masas. (2019) Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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