Disonantes y Cognoscitivos

La vida cotidiana está llena de cosas incomodas, obligaciones  que tenemos que cumplir nos guste o no, ya sea por cuestiones laborales, por obediencia de las reglas del hogar, por compromisos sociales, e incluso, por temas de salud. En la mayor parte de estas situaciones no hay salida, cumplimos a pesar de nuestras convicciones y pensamientos, por el compromiso que tenemos con los otros o con nosotros mismos.

Pero contamos con recursos mentales que nos ayudan a sobrellevarlo, es decir, cuando la razón para actuar en contra de nuestros pensamientos, valores y cogniciones, es lo suficientemente poderosa (ya sea por orden directa de algún superior o por alguna obligación adquirida en un contrato) puede que aceptemos con mayor facilidad la situación y llevemos a cabo una actividad porque no había otra opción.

Por otro lado, cuando la razón de nuestra obediencia, no es lo suficientemente poderosa, pero aun así hicimos algo que no queríamos, vamos a añadir alguna cognición que concilie nuestra contradicción. Es decir, vamos a pensar en que “si no era yo alguien más lo iba a hacer”, o que “tenía que hacerse de todos modos”, “todos lo hacen” o “para esto me contrataron”, etc. También otro recurso, es el de tener un cambio de actitud ante la actividad que se realizó y pensar: “No es tan malo”, “fue muy sencillo” o “puede que me ayude para desarrollarme en esta empresa”. Estos recursos, nos justifican, disminuyen o liberan de la tensión.

Ante la nueva tendencia de relaciones laborales, en donde hay empleos en los que nuestro jefe es nuestro amigo o que no está detrás de nosotros supervisando que cumplamos con nuestras funciones, experimentamos esta sensación de “elegir con libertad”, hacer  o no lo que tenemos que hacer; y es precisamente esta libertad la que nos obliga a cambiar nuestras actitudes y cogniciones con tal de disminuir la incomodidad.

“la teoría de la disonancia cognoscitiva  demuestra que entre más débil son las razones para actuar de manera inconsistente  con las actitudes de uno, serán mayores las razones para cambiar  las actitudes en cuestión”.

Además de ser nuestro propio capitalista, nuestro propio jefe, también somos nuestro propio tirano. También hay personas que concluyen carreras universitarias que no querían, pero que sus padres insistieron y finalmente, se convencen de que fue la mejor decisión, ya sea que de verdad adquieran el gusto por lo que estudian o que sea un facilitador al momento de encontrar empleo.

Yo tengo otros datos

En un escenario en donde un reportero o reportera cuestionan al Presidente, utilizando datos y este los desmiente, argumentando que él tiene otros datos, pero que no los revela y que además son contrarios, ¿Qué ocurre en el individuo que votó por él? O duda del decir del Presidente o lo apoya. Ahora, en el supuesto caso de que los seguidores apoyen sin cuestionar, lo deben hacer generando un discurso que solo toquen puntos tangenciales de la discusión y que les confirmen que su candidato está en lo correcto. Y esto lo podemos ver todos los días en los noticieros y redes sociales.

Así, los que anteriormente se encontraban en contra del poder, de pronto se encuentran apoyando al poder. Si me permiten especular un poco, considero que precisamente esta es la disonancia con la que se enfrenta el individuo, trasladarse (sin siquiera moverse) en el plano político, hacia el lado contrario. No porque la oposición tenga que ser la eterna perdedora, sino por que apoyan cosas similares a las que antes se oponían. Para disminuir esta tensión elabora discursos, inserta cogniciones y cambia su percepción sobre los hechos.

Por su parte, los que ostentaban o apoyaban al poder también  se encuentran dentro de este terreno ominoso; Como integrantes de una jerarquía dominante, la oposición ahora tiene una nueva cara, así como nuevos (y viejos) métodos de presión, y sin lugar a dudas, su manera de observar al poder cambia. Ahora los beneficios no son para ellos y se dan cuenta de lo malo que es el influyentísmo y el nepotismo  y tanto sus actitudes como sus cogniciones cambian ante esto, en ocasiones de manera cínica, pues exigen soluciones a problemas, que antes los beneficiaban.

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Haters gonna hate (hate, hate, hate, hate, hate)

Cuántas veces al día decidimos ver algo en internet o a alguien que nos desagrada, por ejemplo, entrar a un video o perfil  de algún youtuber o influencer y expresar nuestro desacuerdo. Por supuesto tenemos libertad de expresarnos y también hay libertad de no verlo, y si lo vemos pues tenemos la libertad de respetar o no. y es que, en el cruel placer de insultar o disentir, va implícita una confirmación de que yo estoy en lo correcto y el otro no.

Reproducimos videos y leemos opiniones para confirmar que tenemos la razón  y que todo lo que dicen los creadores del video, de alguna razón lo confirman. Aunque ya sabemos cómo piensan o sus posturas políticas, los continuamos buscando.

Debemos de aceptar que algunos personajes son graciosos y que tocan puntos que no habíamos considerado respecto a ciertos temas y que aunque no son periodistas, saben cómo comunicar y aunque no son la única opción, sino más bien, una opción que utiliza las nuevas tecnologías y que se enfoca en los más jóvenes, cobran relevancia sobre periodistas a los que los más adultos ven.

Entonces, ¿por qué o para qué continuamos viendo a quien nos desagrada y que no estamos de acuerdo con lo que piensa? Me atrevo a responder que por entretenimiento, es decir, nos entretiene odiar.

Para concluir, podemos decir que, ante el constante bombardeo de estímulos y obligaciones aversivos, que van de lo desagradable a lo contrario a nuestras convicciones, encontramos  la manera de proteger nuestra mente, nos apropiamos de estas obligaciones y les damos un significado y sobre todo, una utilidad; y después de esto (a veces) obtenemos cierto goce.

Desarrollamos cierta tolerancia y nos justificamos por hacer, decir o ver algo que nos desagrada e incluso, en ocasiones, se busca la irrenunciable obligación externa que nos libere y justifique de hacer lo que no queremos hacer. Ya en la intimidad  de nuestra mente o en la privacidad de nuestro hogar y sin que nadie nos vea, podemos consumir contenidos que en público expresamos que no nos gustan, pues en el reino de los gustos, hasta lo que nos hace mal nos gusta.

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Acerca de Ernesto Del Toro

Autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad) (2017) El Eco de la cultura de masas. (2019) Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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