Separar a la obra del artista (y de cómo es que se hace)

Es probable que hayan escuchado la expresión “separar al artista de su obra”, para referirse a los casos en que un artista ha cometido algún crimen u otro acto ilícito (generalmente de índole sexual, como acoso o violación), y de quien se desea continuar escuchando su música, disfrutando sus películas o sus pinturas.

Apreciar la obra y no al artista, puede ser la primera idea que nos llegue a la mente, sobre todo si se trata de un artista que hace cosas que nos gustan; pero si lo pensamos mejor, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo sabes si ya separáste al artista de su obra? ¿Qué se dice, que se hace? ¿La manera de disfrutar cambia? ¿Se trata de escucharlo o verlo, sin pensar en su crimen para después, al verlo en los tribunales, no pensar en él como un artista? Todos lo mencionan pero no nos dicen cómo hacerlo.

Pero, si como refiere Heidegger:

El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro. Pero ninguno de los dos soporta tampoco al otro por separado. El artista y la obra son en sí mismos y recíprocamente por medio de un tercero que viene a ser lo primero, aquello de donde el artista y la obra reciben sus nombres: El arte. [1]  

Entonces,  en este orden de  ideas, separarlos requiere de disociar al arte entre cosas (la obra) y personas (el artista): Cosas que consumir sin apreciar su origen, pues provienen de una persona con deseos, pasiones y secretos, sin pensar en qué tanto de sus actos ilícitos influyeron en la obra. De igual manera, personas de las que debemos anular de nuestra mente sus creaciones, u olvidarlas y restarles importancia, porque fueron hechas por criminales.

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La industria ha demostrado que no puede separarlos, pues ha ido “eliminando” de la escena, a actores, productores y directores (en general han sido hombres) y a sus creaciones y su legado.  Los expulsó y olvidó, condenando su ser y sus pasiones, ya sea por negocio o corrección política. Expulsaron al arte y a su creador, no podían hacer lo uno o lo otro. En el caso del cine, es más complejo, puesto que es una expresión artística que involucra a una gran cantidad de personas, pero que finalmente, son afectados de manera colateral. Aunque esto no es nuevo, pues basta con remitirnos a la historia, para encontrar casos similares, sobre todo en la literatura; ha cobrado relevancia, sobre todo por los movimientos para denunciar los abusos de artistas (entendiendo su posición jerárquica), en contra de mujeres. Lo cual, de alguna manera nos exige tomar postura, ya sea en referencia al movimiento feminista o al mismo arte.

Por otro lado, el público y los fans, mientras más alejados se encuentran de los afectados, más fácil será continuar disfrutando la obra y del artista, pues su obra les significa algo e incluso les recuerda eventos significativos de su vida. Así, el artista no pierde la totalidad de sus fans, a menos que su “crimen” [2] les signifique algo, es decir, que algún sector demográfico (población gay, mujeres, niños, etc.) se vea directamente afectado.

Podemos preguntarnos, ¿Qué tanto de la obra de un artista nos remite a su crimen? No es de sorprender cuando a un cantante, que habla de crímenes o drogas, lo inculpen precisamente por ese tipo de actos en su vida personal; pero sí sorprende cuando un artista que canta sobre salvar al mundo, sea acusado de abuso sexual infantil.

En caso de que el artista haya tenido un proceso legal y haya cumplido algún tiempo de cárcel o pagado otro tipo de condena, parece que el crimen se perdona, pero queda algo que no permite al artista volver a ser el mismo, el público lo percibe diferente; su reputación quedo manchada por más que la industria modifique su imagen. El crimen se perdona pero no se olvida que ocurrió y precisamente en ese “no olvidar”, se desarrolla otra etapa de la condena del artista. Pero incluso, las aportaciones artísticas pueden interferir con los procesos de juicio, incluso se puede legar a tener más consideraciones con algunos artistas, pues un criminal sin obra es más despreciable y no le tenemos consideración alguna. Por supuesto, habrá público que defienda a sus artistas favoritos, algo que sucede en todos los ámbitos, sean laborales, familiares o eclesiásticos.

En el caso de algunos crímenes, los afectados ingresarán a la historia como valientes o mentirosos, (pues siempre hay un velo de duda sobre las victimas), para posteriormente ser olvidadas por públicos más amplios y lejanos.

Con todo lo anterior, abogar por la separación del artista y su obra, denota cierta insensibilidad con los afectados, es como decirles: “voy a escuchar sus canciones, pero no como las de tu victimario, sino como cosas que creó otra persona”. Es como una impostura intelectual, posturas o conceptos que carecen de sentido y que pretenden explicar algo, pero que solo suenan interesantes.

Finalmente, podemos inferir que el arte se va a conservar a pesar de las víctimas, lo que sí considero posible, o creo que es lo que sucede, que lo que separamos es: A las víctimas de nosotros.

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[1] M. Heidegger (1936) El origen de la obra de arte.

[2] La palabra esta en comillas, ya que además de los crímenes comprobados y llevados a los tribunales, hay otro tipo de actos ilícitos, que se refiere a las denuncias anónimas o a cierto tipo de acoso, no necesariamente catalogado en la ley como crimen, pero que definitivamente trasgredieron ciertas normas sociales. (Comentarios o mensajes inapropiados)

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Acerca de Ernesto Del Toro

Autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad). Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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