La problemática de los falsos problemas.

Entendiendo a los problemas, como situaciones que nos provocan cierto malestar, ya sea físico o psíquico; que amenazan la continuidad de nuestra existencia como la conocemos y que requieren una solución. Podemos identificar que en épocas de riesgos como estos y de cambios, los problemas aparecen, más de uno a la vez. También hoy, surgen problemas éticos, con respecto a muchos paradigmas que están cambiando. 

¿Cuántos de estos problemas son reales? Es decir, ¿Cuántos ponen en riesgo nuestra existencia? ¿Cuáles necesitan de nuestra capacidad, para solucionarse? Estas son preguntas esenciales de los problemas.

Dicho lo anterior, vamos a dirigir nuestra atención a los problemas que no se solucionan respondiendo los cuestionamientos anteriores; los llamados falsos problemas. Podemos definirlos, como situaciones inocuas que se complejizan, no por su influencia en nuestra vida, sino en nuestra relación con los otros. Por ejemplo; un fenómeno viral de Internet no me afecta directamente, pero, sí tiene una repercusión en mis conversaciones con los demás, y por ende, en mi manera de relacionarme. Mediado por el discurso.

Si pensamos, como generalmente ocurre, que este enfrentamiento de discursos propicia un debate de opiniones opuestas, tendremos un rival. Aquel que antes era solo un individuo más, ahora se convierte en el enemigo identificado, ese que no piensa como yo.

Este conflicto provocado de manera artificial, por supuesto que es un problema a resolver, pero su falsedad, reside en que, si eliminas el elemento artificial, el problema desaparece. Esto podría definirse como un falso problema.

Ahora bien, ¿Qué ocasiona estos falsos problemas? Podemos decir que, el deporte, el cine, la lectura; los fenómenos virales, la vida íntima de los famosos; por nombrar algunos. Todo esto, es su fase más banal e irreflexiva.

Pero debemos tener en cuenta que, cuando todo esto tiene una repercusión directa en la vida de las personas o un grupo social, estamos hablando de problemas reales. Por ejemplo, cuando en una competencia deportiva, aparecen brotes de violencia, esto afecta a las personas que están presentes, a todos, e incluso de manera indirecta a familiares que no están ahí.

Un falso problema es entonces, una situación que no interfiere con mi vida personal, que no tiene una relevancia, que su ausencia no determina mi existencia y que sin embargo, me interesa y además, defiendo, repruebo o la disfruto y me confronto con los demás, por ella.

Eventos reales.

Cuando un evento ocasiona pérdidas humanas, pérdidas económicas, o la pérdida de la integridad física, son problemas que nos afectan directa e indirectamente. Los hechos violentos, indignantes o catastróficos; al ocurrir dentro de nuestro espectro de realidad, nos obligan a dar solución o a prevenir afectaciones en los diversos ámbitos de nuestra existencia. Crisis económica, crisis humanitarias, crisis políticas, familiares o existenciales; nos obligan a tomar acciones.

¿Qué hago yo frente al problema? ¿Quién soy yo frente al problema? Si el problema es falso es decir, lejano y ajeno a mí; se construye un discurso para “darle solución” y no es un secreto, que dicho discurso, obedece al sentido común y la experiencia subjetiva.

Por un lado, ante un problema real, nos es imperante tomar acción, generar una estrategia para resolverlo lo más pronto posible. Por supuesto, es complicado de realizar, pues requiere de acciones reales que repercutirán en nosotros y en los demás, por eso, es más sencillo “solucionar” los falsos problemas.

Existen eventos que, aunque no están en contacto directo con nosotros, si nos representan una amenaza; una guerra por ejemplo, o una nueva ley, una crisis mundial económica y humanitaria. Y aunque no podemos solucionarla, hay quienes toman medidas precautorias de manera individual, o hay otros que se manifiestan en las calles.

La capacidad de resolver un problema, funciona con base en nuestras herramientas mentales, la capacidad de nuestro pensamiento en la resolución de problemas es definitiva.

No vamos a hacer una lista de los problemas que existen, sería imposible e inútil, pues cada problema (real), cuenta con una particularidad específica para cada individuo; un padre de familia que no tiene dinero para el día siguiente, una mujer violentada por su pareja, un adolescente que terminó con su noviazgo; la discriminación por la preferencia sexual; leyes que provocan una vida precaria para los trabajadores. Todos estos ejemplos, siempre comparten un elemento esencial: Es precisamente, el medio el que propicia.

Existen problemas falsos, que pueden aparentar ser verdaderos. Por ejemplo, una infidelidad que se descubre en una red social no es el problema, el problema es la situación de pareja que propicio una infidelidad; ni siquiera la socorrida invasión a la privacidad es el problema aquí.

Otro ejemplo que se menciona comúnmente, es que, “nadie abre los ojos” ante los problemas nacionales. La legión de personas que replicando esta frase, explican los problemas de una nación, son, o muy jóvenes o muy ingenuos.

“Abrir los ojos”, “cajas chinas” o “cortinas de humo”, son otras expresiones vacías, que la legión de iluminados que tienen los ojos abiertos, utilizan para explicarse por qué los demás no se dan cuenta de cosas que ellos sí, por qué los demás se distraen con fenómenos virales o televisión o futbol. Lo que no ven los iluminados, es que, aquel que se distrae con lo antes mencionado, se va a distraer con cualquier cosa, siempre.

Y debemos entender que, efectivamente existen personas a las que no les interesa, no les molesta o no los indigna la injusticia y esto los posiciona en un, digamos, lugar. Ellos pertenecen ahí, en donde confirmar su asistencia a una invitación hecha en redes sociales, para una fiesta de XV años, o es importante o es absurdo, tan absurdo que los iluminados exigen que se deje de hablar del tema.

Los iluminados, desde su campo del saber, critican a otros campos de saber, porque no saben lo que ellos saben, no buscan formar y consolidar un frente común, buscan posicionarse arriba; el problema además, es que hay una falta de respeto a Ignorar. Aquel se atreve a demostrar ignorancia sobre algún tema, es objeto de burla para los iluminados, pues esperan que en esta era del conocimiento, todos sepan de todo.

Ciertamente, la población se da cuenta de la problemática nacional, pero se requiere más que solo abrir los ojos. El problema real, que subyace en esta frase, son las condiciones de injusticia, impunidad e ignominia con las que se desempeña la clase gobernante y que, paradójicamente, todos estos males, se convierten en algo legal, por la creación y aprobación de leyes que precisamente, legitiman la ignominia y entonces, esta inmediatamente desaparece.

Entonces, se nos arrebata, se nos despoja de nuestra ira legítima y la convierten en demandas absurdas, y así, reclamar una mejor pensión, o reclamar el despojo de tierras o exigir que busquen estudiantes desaparecidos y los entreguen con vida; de pronto se convierte en algo imposible.

Problemas virtuales que son reales.

Los fenómenos virales, suceden para la obtención de goce y ahorro psíquico. Hay un placer en compartir algún contenido que no exige mucho al aparato psíquico. Un fenómeno viral obedece a un principio de placer, es por esto que un fenómeno viral, es viral.

¿Por qué son del interés de todos? Precisamente porque lo viral, es la cúspide de la cultura popular ya que es fácil y no exige mucho a individuo.

El fenómeno viral nos une, crea un espacio social, nos coloca en un lugar tanto imaginario, como en uno real. No nos hace ni más ni menos inteligentes de lo que ya se es. Se generan discursos; se participa porque, o se está de acuerdo o en desacuerdo, en contra o a favor.

Cuando el fenómeno ya se ha convertido en algo de dominio público, el siguiente paso, es en donde se eleva y posiciona en otro nivel. Y este es, cuando el fenómeno toma relevancia porque intervienen las marcas.

Los fenómenos se crean con base en el discurso que lo acompaña; pero cuando las marcas intervienen y se adueñan del discurso e invierten en ese discurso, el fenómeno se legitima, es decir se convierte en una marca en sí mismo y así finalmente es conocido por el que no lo conocía.

La pregunta que surge es la siguiente, ¿Qué lugar tienen los fenómenos virales? Primero, el fenómeno viral, está cargado de valores morales, se aborda desde la moral; se exige a sus actores, altos valores morales, pero la recurrente falta de estos, nos posiciona en un lugar moralmente más elevado. Segundo, nos confirma que tenemos la razón, porque, por supuesto, los demás siempre estarán equivocados.

Lo viral, es un lugar en donde la moral es la base y se genera una discusión, tanto hablada (realidad), como en silencio (virtual). Y que nos pone a prueba, pues genera estos espacios inéditos de discusión, en donde un infractor de las leyes de tránsito, el color de un vestido, un nombre propio en una lata de refresco o los XV años de una joven, extraen de nosotros un sentido de comunión y desafío. Y nos mueve a defendernos, y sobre todo, cada uno de estos problemas, tiene su símil en el mundo real.

Los discursos que nos unen.

En una red social, que parece ser el habitáculo de los falsos problemas por excelencia, todo es posible, ahí se encuentra desde lo más educativo, hasta lo más absurdo, y siempre habrá argumentos que lo soporten (caso real, que el sol gira alrededor de los planetas) lo apoyen, lo justifiquen y lo glorifiquen.

En el caso de los contenido que podríamos llamar educativos (cursos, talleres, noticias, libros), siempre serán refutados por pensamientos inmediatos y sentido común. En el caso de contenido de mero entretenimiento, se denigrará y ofenderá, a quien se atreva a compartirlo.

Una de las características del discurso que se adopta, es que obedece a estructuras subjetivas del individuo, reforzadas por el sentido común y por algún rumor de Internet. Y se rechazará todo lo que no confirme nuestras creencias, e incluso si las llega a confirmar, deben de ser dichas con las palabras específicas que el sujeto tiene en mente.

Otra característica, del discurso que se adopta frente a los falsos problemas, es tal vez uno generado desde la moral; se pone atención a lo que es bueno o malo; lo que debería ser y lo que se espera. Es decir, cuando algo ocurre y que no tiene una influencia directa en nuestra existencia, un fenómeno viral, lo que un famoso de la televisión hizo, una lata de refresco con un nombre propio; incluso lo que creo que alguien piensa de mí; se acude a un juicio de valor, o se apela a la poca inteligencia del otro.

Se acude a la moral (“la de las buenas costumbres”) sean jóvenes o adultos, Es decir, se esperaría que un joven fuera menos conservador, sin embargo, son estos los que manejan un discurso ultra conservador en temas relacionados con el machismo, el feminismo o la infidelidad.

Finalmente el sobre-análisis, que siempre busca colocarse en una postura intermedia en la que, generalmente busca justificar los aspectos negativos. Algo que caracteriza al sobre-análisis, es precisamente la falta de información, no se tienen claros los límites del tema.

Aun así, es necesario recordar que el discurso, no se entiende fuera del contexto, es decir; por más descabellado que parezca todo lo que se dice en redes sociales, son el reflejo de un mal entendimiento de lo que se aborda, un cinismo al momento de defender su derecho a la opinión y de un manejo deficiente de las emociones al momento de enfrentarnos con cierta información.

Por el contrario un problema real es complicado, las cosas escapan de nuestro interior. Todo funciona en el plano real, no desaparecerá al apagar el Wifi. Requerirá el juicio correcto y las palabras correctas y las acciones correctas y los comportamientos correctos.

Los falsos problemas, se buscan.

¿Quién busca los falsos problemas? Podemos decir, que generalmente, aquellos que creen que saben las repuestas, aquellos que no confían en lo que ven, pues creen que hay algo más importante de lo que nos dicen. No saben delimitar, su pensamiento, se hincha para encontrar nuevas aristas a lo que sea. Se apoyan en discursos ajenos a lo que hay.

Cuando se enfrentan a un discurso, buscan dispersarlo con argumentos absurdos, y que en algún lugar de su pensamiento son válidos. Y no porque sean ignorantes, sino porque en la red social es el lugar en donde todo esto es posible.

El discurso dominante es el de la moral. Todo habita, o mejor dicho, se le coloca en el campo de lo bueno y lo malo. Es tan sencillo como eso, los falsos problemas son sencillos.

O algo lo consideramos malo o lo consideramos bueno, y encontramos la “solución” con un simple juicio de valor. Creemos haber ganado, cuando en realidad, no hay victorias en los falsos problemas. Estos se encapsulan y se trasladan al reino del yo, en donde siempre, casi siempre, triunfamos.

 

Todo tiene su destino en el Yo.

Adoptar un falso problema, permitiendo que tenga una repercusión en nuestra vida personal, es una característica más, de la actual cultura del Yo, pues se crea un momento en el cual se acepta que, todo tiene que ver conmigo. Ahora, el Yo siempre es en referencia a los demás (los otros, son el referente del Yo). Siempre necesita a los demás, en ello reside el éxito de las redes sociales; de las actuales y de las que vendrán.

Las redes sociales, como proveedoras de realidad en exceso y como un escenario del Yo, nos obliga a creer que todo debe de ser evaluado y que se debe de tener una opinión y sobre todo emitirla; y mientras más rápido mejor. Pues, ¿qué mejor manera de ser visto, que opinando? El Yo, necesita ser visto.

Entonces, al adoptar un falso problema, la solución que se tiene es verbal, es decir, se opina y se emite un juicio y el caso está cerrado. Todo lo demás no existe, es más, lo que digan los otros, me confirma que tengo la razón. Y al mismo tiempo, el otro cree tener la razón y un Tercero también.

En la intimidad, todos ganan frente a los falsos problemas. Que en realidad suelen ser tan sencillos, que ni siquiera requieren una solución o al menos una real, precisamente porque son falsos.

Pero debemos de ser cuidadosos, pues estos problemas falsos, son signo y síntoma de un problema real, de un conflicto sin solución, de una estructura invisible que los produce. Parafraseando a Umberto Eco, son problemas mal planteados.

Es necesario pensar en por qué reaccionamos como lo hacemos ante un problema y para qué se dice lo que se dice; así, seremos capaces de evaluar nuestros actos del habla y también, entenderíamos que no estamos obligados a opinar acerca de todo.

Acerca de Ernesto Del Toro

Ensayista autor de: Un libro real, sobre la realidad. (Ensayos sobre la experiencia de la realidad y de las aproximaciones a la verdad) (2017) El Eco de la cultura de masas. (2019) Me he desempeñado con honores en la que Alvaro González de Mendoza (El Vallero Solitario), denominaba la Carrera de obviología nuclear. De todo, en todo y para todos, en esta época donde ya nadie cree en nadie y la realidad de disuelve en el aire.
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